
Me quedé sin ti
al margen de tus ojos
ausente del verso
de tus besos,
con las manos heridas
y la lanza atravesando
mi costado hueco
vacio del sonido de tus letras,
pleno de tu mortal silencio,
arrodillado en la oración estéril
de no saber de ti
abatido por la silueta
ineludible de tu adiós
en la agonía enmudecida
por displicente amor,
en el calor escarchado de olvido.
Y mis manos que tiemblan
y mis ojos henchidos
por el humo de lluvia
por las promesas rotas,
por el dolor amor,
el dolor de no verte.















GRACIAS
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces,
y viven en tu vida mis infinitos sueños.


















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